ComentariosLaura, el 25/05/2009 Exquisito , asi es como lo definiria .Nos habian hablado de este sitio y esto fue lo que nos encontramos~
El restaurante parco esta decorado con mobiliario de los 50 o 60 con unas lamparas realmente chulas y unas mesas bajas con sillones.
Tienen musica y los camareros son jovenes y fueron muy amables.
Realmente ni miramos la carta si no que dejamos que el encargado, que fue el que nos tomo nota, nos aconsejara.Y fue realmente un acierto , la calidad del sushi sashimi que comimos era sobresaliente y tambien comimos un atun con pimienta que nos encanto.
En resumen , un gran restaurante para probar.
marc, el 09/11/2008 Gran restaurenate , la comida es realmente buena y la decoracion del local muy original , lo recomiendo.
Pilar, el 28/02/2008 Visitamos el Parco y comimos muy bien pero me parece increible como un responsable de restaurante puede ser tan engreido y ir tanto de sobrado. Deberia entender que todos los clientes que van al restaurante le estan pagando su sueldo, no sólo algunos de ellos.
Rodion, el 09/11/2007 Realmente no se que es mejor, haber descubierto que el sujeto a quien le dedico estas letras es un demente agresivo o que nunca hubiera consultado Internet y me hubiera quedado la duda de que había tenido un mal día.
Doce de la mañana. Cuatro amigos y compañeros de trabajo que discuten sobre donde ir a comer. Alguien apuesta por un Japones que conoce de haber ido algunas veces y está cerca. Decidido se llama y se hace una reserva para cuatro personas. Todo promete una estupenda siesta, después de una agradable comida y mejor sobremesa.
Dos de la tarde. Dando un paseo llegamos a Paseig de Gracia 119, una entrada mona, bien cuidada y elegida para que el cliente se encuentre ante un restaurante de estética moderna, minimalista y bien cuidada. Entramos en el local. Vaya, somos los primeros. Los camareros vestidos de negro sobrio y elegante se dan a sus labores. Un hombre que destaca por su no uniforme se nos acerca y pregunta. Quien hizo la reserva se adelanta y toma el mando del grupo. Da su nombre y espera que nos indiquen donde está nuestra mesa. Con ademán flemático nos indica una mesa…. La última que cualquiera hubiera elegido. Quien fue líder para elegir, para reservar y para arrastrarnos hasta allí toma la palabra de nuevo para expresar nuestro deseo de cambiar a cualquier otra mesa de cuatro, que a juzgar por los servicios ya ordenados y situados, abundaban. Mas, no ha lugar parece. O quizá más bien parece que contrariar la elegida distribución molesta. El sujeto vehementemente nos informa de que todas las demás mesas están reservadas. “¿Pero han reservado las mesas?” pregunta nuestra dulce líder en un hilo de voz que delata mas su inocencia que cualquier tipo de sarcasmo. ¡Qué grande se hace la soberbia frente a la inocencia! Pues no, no habían reservado las mesas, pero Sujeto se siente Dios Emperador en su micro dominio y ladrando más que hablando explica que él es el que elige y aquí los clientes acatan. Y como cuatro corderos, acatamos. Pero nuestra líder culinaria se siente maltratada y comenta directamente al sujeto: “Este trato es poco educado ¿?…….” Sujeto sube doscientos grados sobre cien en sus exquisitos modales. Con chulería y prepotencia se acerca exigiendo que repita lo que ha dicho, cuando en realidad evidente era que lo había procesado. “Ya no tienes reserva, ¡Fuera de mi local!” fue, de toda la sarta de mierda que soltó, lo que a mi me quedó claro. Y como suerte tiene esta gentuza de encontrarse con el resto de los mortales que prefiere vivir a pelear, yo, en un abrir y cerrar de ojos, ya estaba en la calle para olvidar y dirigirme a comer a cualquier otro lado.
Dos y algo de la tarde. Nos dirigimos en un noviembre primaveral calle abajo comentando la jugada y deliberando donde saciar nuestra hambre y ganas de buen rollo. Bueno… no todos.  La pequeña en edad y altura, que para nada en verbo, nos calienta la cabeza con que una agresión merece una respuesta, civilizada si, pero merece una respuesta. Tanto fue así que nuestra líder culinaria terminó por estar segura de que debía exigir el libro de reclamaciones. Bueno, calle arriba, será un momento. Es cierto que no hay que dejar estas cosas, que quede constancia. Nuestra líder y la animadora de causas justas entran de nuevo en el local. Doña Prudencia y el pasota que suscribe esperarán en el exterior.
Dos y algo más de la tarde y 5 minutos más. Suena mi teléfono. Pequeña animadora al aparato. De fondo gritos de Sujeto de los que no distingo ni un vocablo. “Por favor venid, que no se si nos va a pegar”. Pasota, yo mismo, decide entrar. Cuánto me gustaría detallar ese momento, pero no soy capaz de rememorar aquella sarta de sandeces, malas maneras, insultos y ademanes amenazadores. Aun así, y aunque pudo no ser así, Mr. Calma se había apoderado de mi. Llegué hasta donde se encontraban y a una distancia en la que no tuviera que subir el tono, a él le podían haber al menos bajado el volumen, le dije: “Venga hombre, nos das la hoja de reclamaciones, la rellena y nos vamos”. Pero la testosterona o vaya usted a saber que le corre por la sangre a nuestro bravo sujeto, estaba desatada. Y para qué más: un varón contra quien descargarla. De nuevo, de todo lo que surgió por aquella fina garganta pude sacar algo en claro. Lo que me quedó claro fueron tres cosas: Lo primero que quería que nos fuéramos del local, evidentemente. Lo segundo que presuponía y quería que creyéramos que tenía un supremo derecho de admisión. Y por último que no nos iba a dar la hoja de reclamaciones. Y claro, uno es pasota, dejado y poco dado a la pelea pero cuando insultan su inteligencia se ofende. Así que procedí a corregirle y a explicarle que no tenía tal “derecho de admisión” a no ser que expusiera bien visible con carteles o publicidad en el acceso cuales eran los requisitos necesarios para entrar en el local y que, pese a no haber consumido, teníamos derecho a pedir la hoja de reclamaciones; máxime cuando habíamos hecho una reserva. Nada, es imposible tener una conversación con alguien que no es que crea que lleva la razón, sino que la razón es una prisionera de sus veleidosos deseos. Así que cargado de su razón, razones, razonamientos y gritos pidió ayuda a los camareros para que le ayudaran a expulsar a estos cuatro osados que le encaraban. Pero como las neuronas suelen poblar los cerebros del Homo Sapiens, excepto en determinados casos patológicos como el del ser que nos ocupa, nadie se movió aunque alguno intentó con buenas y estupendas palabras que lo dejáramos y nos fuéramos. Indiferente al desánimo mi serenidad no desvanecía. Perdón, un segundo de vanidad: felicidades a mi mismo por mantener ese espíritu estoico. A lo que iba ahora, e iba en aquel momento: insistí en nuestra hoja de reclamaciones. Pero a sujeto se le hincharon las venas y decidió que si buenas no eran las palabras buenos serían los empujones. Pero uno está lleno de defectos y aparte de los comentados: es cabezota. Yo ya no me podía ir de allí sin mi hoja de reclamaciones. Un corto número 088 para pedir a la autoridad uniformada ayuda en cuanto a reclamar por mis derechos. Y diría que me libre de un guantazo gracias a que el sujeto, a punto de pasar a las manos, se percató de que no estaba bromeando sino que realmente había marcado: estaba hablando con los Mossos d’Escuadra.
Dos y yo que sé de la tarde. Entre empujones e improperios ya estábamos en la calle. Decididos a terminar la faena y tras hablar con los Mossos esperamos apoyados a escasos metros de la entrada. No hay que explicar que seguramente había avisos mas urgentes que los nuestros pero tal y como prometieron antes de una hora teníamos una patrulla, agentes de seguridad a las ordenes de la Generalitat Catalana. Esto fue rápido e indoloro, ellos entraron y ellos nos sacaron nuestro derecho, que espero que no quede en papel mojado. Rellenamos aquella página, copia para el sujeto, copia para nosotros y copia que llegará a Consumo deseando que alguien más se haya molestado.
Tres supongo y algo mas. Comimos en otro sitio. Terminamos nuestra jornada.
Después de ver que esto viene de lejos quien quiera ir es libre de querer ser apaleado, y quien realmente quiera disfrutar de la mesa y la compañía sabe que Barcelona está repleta de restaurantes donde conseguirlo.
Saludos.
David, el 08/11/2007 Pequeño, incomodo, caro relación calidad precio y una atención pésima.
Deja un comentario:Para evitar el spam, repasamos los comentarios... No aceptaremos: - Los comentarios racistas o haciendo referencia a la nacionalidad de una persona,
- los comentarios ofensivos o denigrantes,
- las criticas no debidamente justificadas,
- el lenguaje soez,
- el estilo SMS,
- y en general, todo comentario que nos parece inapropiado o contrario al espiritu de esta web.
Muchas gracia por su colaboración! |
|